Obviando el hecho de que esta fumada, Ella es preciosa, su cuerpo se relaja con cada calada y sus hombros empiezan a bailar, recomponiéndose del duro día.
Se le dibuja una tímida sonrisa y sus ojos se hinchan un poco, así que su mirada se intensifica para poder ver bien. Yo la miro de reojo, y a veces no se da cuenta. Cuando por fin me ve, y me descubre mirándola, regodeándome en su mundo sin permiso, sonríe y me mira con dulzura.
Vuelve a cerrar los ojos por un instante como volviendo allí donde estaba, y vuelve a sonreír. Me mira así, con esos ojos, y parece que me desarma y entonces pregunta -¿Qué?- Y me regala una sonrisa con dientes.
Y es que cuando sonríe con dientes, me dan ganas de besarla hasta que sofocada y entre risas grite -para, pesao! – Mientras se recompone toda digna, con una sonrisa escondida entre los labios.
Y a veces es lo que hago, otras, como hoy, levanto los hombros y le digo, – nada, solo te miraba- y a Ella se le vuelven los ojos vidriosos. Nunca he sabido si de pena o de alegría. Espero que sea de alegría.
